Aún recuerdo cuando en mi ciudad empezaron abrir los restaurantes chinos. Primero uno y, de repente, decenas. Nunca fuimos conscientes del problema que estaba empezando a germinar hasta que el asunto nos ha explotado en la cara.
Sé que muchos tendrán este asunto bastante asumido pero en una ciudad pequeña, como la que vivo, es algo relativamente nuevo. Los negocios chinos empiezan a multiplicarse de forma alarmante. Primero abre un almacenista y luego tiendas y más tiendas de “Todo a 100”, ropa, bisutería, alimentación,…. y no en locales de bajo coste. Locales en las mejores zonas, con precios prohibitivos para cualquier comerciante de la ciudad, llegando a pagar ente 3.000 y 9.000 euros mensuales.
Cuando llegaron los moros y se dedicaron abrir tiendas de “Todo a 100” la mayor parte de la población supuso que sería un sector del que no saldrían y, más o menos, se ha cumplido esta premisa pero el tema de los chinos es diferente. Son como termitas, arrasan con todo. Abren negocios de ropa y hunden a los del sector con precios escandalosamente bajos y calidades que dejan que desear. Y, como siempre, no pasa nada. Cuando han hundido el sector textil, empiezan con la bisutería y así continuamente.
Veo esto y pienso en la impunidad con la que actúan. Veo el desamparo de los comerciantes españoles que no pueden competir en precios ni horarios. Inmigrantes que vienen a nuestro país con sistemas de trabajos que nosotros ya hemos borrado de nuestra mente pero que, al aplicarse, crear una política de ventas desleal. Eso sin contar el tema de las ayudas que reciben y las mafias que las controlan y que se mueven a sus anchas en un país tan imbécil como el nuestro.
Según un artículo publicado por La Voz de Vigo, entre 6 y 10 barcos semanales llegan al puerto gallego cargado de productos que satisfacen las necesidades de las tiendas chinas de dicha región.
Y hablando de ayudas, los chinos no pagan impuestos en nuestra país durante los 7 primeros años de creación de su empresa. Una vez pasado 7 años, transfieren la titularidad del negocio a otra persona para volver a empezar con la misma historia y tener otros 7 años exentos del pago de impuestos.
Una solución rápida y efectiva es no comprarles. No apoyar a este tipo de mafias y si hacerlo a negocios regentados por españoles. Que el Gobierno grave con más impuestos a este tipo de empresas para ofrecer una mayor protección a sus ciudadanos. No es lógico ni normal que un chino venga a nuestro país y, apoyado por mafias, hunda nuestros negocios. Eso si contar los precios a los que compran, importando todo el género de su país de origen y volviendo a mandar los beneficios a China. Es una nueva forma de sacar nuestras riquezas fuera de nuestras fronteras. Pero claro, esto no deja de ser una utopía, el sueño de que el ciudadano español reaccionara y defendiera los intereses nacionales de su pueblo. Sería pedirnos demasiado.
Todo esto se resume con algo que leí en la red y firmado por Diego Alatriste en los foros de la UNED:
En consecuencia, podemos establecer que la actividad económica china en España es de tipo parasitario, que actúa como una metástasis cancerígena que crece incontroladamente, primero en las grandes capitales y cada vez más se va extendiendo a pueblos más pequeños de toda la geografía nacional, aniquilando progresivamente el tejido económico español. La actividad comercial china, en resumidas cuentas, no contribuye a disminuir el paro en España, no aumenta la producción industrial española, perjudica de diversas formas a varios sectores económicos patrios y obliga a los comerciantes españoles a competir en unas condiciones que son imposibles de alcanzar legal y honradamente, además de infringir impunemente la legislación española.